UNIVERSIDAD NACIONAL DE MAR DEL PLATA FACULTAD DE ARQUITECTURA
DISEÑO Y URBANISMO Teoría y crítica de la arquitectura y el
urbanismo Profesor titular Arq. Roberto Fernandez Coordinador Curso
Regular Arq. Diego Noales Alumnos: Aragón Sergio
seraragon@gmail.com Salas Gabriel gabriel@ggsalas.com.ar 2008 La
alegoría en la obra de D. Libeskind La alegoría en la obra de
Libeskind El Arquitecto Roberto Fernandez, en una nota publicada en
el año 20031 hace referencia a el uso de la alegoría como recurso
de comunicación. Por haber sido un texto disparador en nuestra
investigación creemos importante citarlo, e intencionalmente al
comienzo de este trabajo. Uno de los más grandes teóricos de la
crítica literaria, Paul de Man, en su libro La ideología estética
(Editorial Cátedra, Madrid, 1998) define el concepto de alegoría
como la tartamudez que deviene de su etimología griega: lo otro que
habla...de lo otro. Es decir, de un cruce entre referencia (o modo
de aludir a algo real) y retórica (o modo de construir la alusión),
que siempre genera una tensión o irreductibilidad entre lo real y
lo aludido, aunque ambas cosas se atan mediante el propio concepto
de alegoría, que no es entonces, ni referencia ni tropos retórico.
En arquitectura esta noción, aunque escasamente entendida desde la
teoría en su profundidad conceptual, fué siempre muy utilizada,
dado la extrema ausencia de abstracción de la retórica
arquitectónica y la necesidad consecuente de usar el propio
material arquitectónico para hablar de lo otro. Para estudiar el
uso de la alegoría en la obra del Arquitecto Daniel Libeskind
debemos comenzar por conocer su forma de entender la arquitectura,
dicho de una manera simple y corta quizás sea que la arquitectura
es su envolvente retórica o, como dice la introducción en su sitio
web “La arquitectura es un lenguaje”. También debemos comprender
que la alegoría es una forma retórica, y como tal pertenece al
campo de la lingüística. Este trabajo pretende introducirse en
conceptos de la semiótica para comprender la alegoría como una
forma retórica que puede utilizarse en la genereación de
significados en la arquitectura. En un análisis que realiza Umberto
Eco2 sobre las definiciones de signo propuestas por Pierce afirma
que cada una de las definiciones de signo pueden ser comprendidas
como un fenómeno de comunicación visual. Y continúa resumiendo que
todos los fenómenos visuales que pueden ser interpretados como
indicios también pueden ser considerados como signos
convencionales. Una luz repentina que me hace parpadear me obliga a
un comportamiento determinado por un impulso ciego, pero no produce
1 Roberto Fernandez, El problema de la alegoría, Revista Summa+ Nº
59 2 Umberto Eco, La estructura ausente sección B: La mirada
discreta. Página 3 de 26 La alegoría en la obra de Libeskind ningún
proceso semiótico; simplemente, se trata de un estímulo físico (un
animal también cerraría los ojos). En cambio, cuando se difunde una
luz rosada en el cielo y deduzco que va a salir el sol, reacciono
ante la presencia de un signo que es reconocible por aprendizaje.
Este análisis que abarca gran parte del libro de Umberto Eco se
propone el objetivo de independizar la semiótica de la lingüística.
Nosotros no abarcaremos este análisis sino que tomaremos sus
conclusiones y de esta manera continuar con nuestro propósito.
Todos los fenómenos culturales son un sistema de signos, verbales
gráficos o físicos, en síntesis la cultura es esencialmente
comunicación. Como sabemos, la semiótica es la ciencia que estudia
todos los fenómenos culturales como si fueran un sistema de signos,
y siguiendo con lo antedicho y considerando a la arquitectura como
un complejo sistema simbólico podríamos decir que la Arquitectura
es un acto de comunicación o, tomando las afirmaciones de los
decontructivistas, (quizás entrando en tema) la Arquitectura es una
envolvente retórica de un sistema de funciones. Escalera principal
del museo judio en Berlin Página 4 de 26 La alegoría en la obra de
Libeskind Hasta ahora hemos hablado de mucha teoría, tratemos de
ejemplificar en muestro caso. Cuando Libeskind diseña la
comunicación del segundo piso del museo judío de Berlín con su
subsuelo lo hace mediante una escalera que posee: ● Cualidades
constructivas que permiten un flujo de personas prefijado, cierta
rugosidad en los materiales de terminación que facilita la
comodidad del paso, una altura en las alzadas y longitud de tramos
diseñados con el mismo fin. Todo esto comunica un objetivo de la
escalera que es el que relaciona la función (comunicar espacios en
vertical) y los aspectos constructivos que la denotan. Pero la
escalera también presenta condiciones formales y estéticas que
comunican algo más que su función. El hecho de haberla diseñado de
un solo tramo para subir tres niveles y que desde el nivel inferior
se pueda apreciar esta triple altura que debemos recorrer está
queriendo comunicar algo muy diferente que su simple función. ● En
ambos casos la escalera está comunicando, sin embargo en el primer
caso se limita a comunicar su función, es decir que una persona al
verla en primer lugar reconoce inmediatamente su función y luego
imagina con cierto grado de certeza cuanto esfuerzo le costará
subirla. El segundo acto comunicativo es más complejo porque se
refiere a cuestiones que no están presentes, que hay diferentes
formas de interpretarlas, pero que sin dudas están significando
algo. Ese algo que tiene un significado es un signo. Tal vez ayuda
a este concepto recurrir a la definición de signo de Roland
Barthes3: desde el momento que existe sociedad, cualquier uso se
convierte en signo de este uso. Podemos también optar por la
versión más adoptada de símbolo, que lo divide en dos partes
complementarias que son el significante y el significado.
Significante como aquello a lo que se está refiriendo (la parte
constructiva de la escalera) y significado como lo que quiere decir
ese objeto. Siguiendo con nuestro ejemplo, vemos que la escalera de
Libeskind posee un significado que se corresponde con su función
principal que es la de ascender de forma peatonal, y como hemos
dicho también posee otro significado que no tiene que ver con su
función, sino con algo que el arquitecto nos quiere comunicar. 3
Roland Barthes (1915 – 1980) Escritor y semiólogo francés. Página 5
de 26 La alegoría en la obra de Libeskind Podemos decir que la
escalera denota su función de subir y connota otro significado que
a simple vista podemos o no deducir (más adelante hablaremos sobre
ésto cuando tratemos sobre el código). Es posible que las obras
connoten una o varias cosas, de manera que es posible que se haga
complejo hablar de ellas como significados, por esta razón en
adelante mencionaremos (como otros autores hacen) al significado
que denota la función del objeto como la función primaria y a el o
los significados que connota el objeto como funciones secundarias.
La función primaria puede ser ocultada o disfrazada, pero siempre
existirá porque da sentido de ser al objeto, sin embargo las
funciones secundarias pueden ser creadas por el arquitecto, de
manera de transmitir, hablar, comunicarse mediante la arquitectura
o pueden ser adoptadas por los usuarios. Para dar un ejemplo de
esto último podemos mencionar a modo de ejemplo paradigmático el
caso de las pirámides de Egipto. Las pirámides fueron creadas como
las tumbas para los monarcas, y poseían la función de elevar el
espíritu de éste con los dioses, además de connotar su poder. Pero
digamos, para abreviar, que todos sabían que eran una tumba que iba
a utilizar el monarca. Hoy en día pocas personas ven a las
pirámides como una tumba, hoy las pirámides connotan la
majestuosidad del antiguo Egipto, las riquezas culturales de ese
imperio, pero ya se ha perdido la función primaria con que fueron
creados para obtener un significado otorgado por nosotros, los
habitantes de este momento histórico. Acabamos de mencionar un
ejemplo en donde el significado que connota un objeto es dado por
las personas que lo ven y no la que lo crea, pero también
mencionamos ese hecho en un marco de transcurso de tiempo que se
necesitó para que el objeto pierda su función secundaria y la
cambie por otra dada por sus usuarios (llamando usuarios a las
personas que conocen o leen sobre las pirámides, no necesariamente
las han visitado físicamente). Para este caso es interesante la
clasificación que hace Umberto Eco sobre las lecturas a las que
puede someterse un objeto utilitario en el curso de la historia, o
bien al pasar de un grupo humano a otro4. No es nuestra intención
que este trabajo profundice sobre el estudio de la semiótica como
tal, ya que no es ése el objetivo, sin embargo nos es imposible
evitar este tema al tratar sobre la existencia de un código en la
Arquitectura. Cuando hablamos de la comunicación verbal sabemos que
existe un código 4 Umberto Eco, La estructura ausente sección 3: la
comunicación arquitectónica y la historia, parte II.2 Página 6 de
26 La alegoría en la obra de Libeskind “lengua” y una serie de
sub-códigos, sin embargo en la Arquitectura la respuesta no es tan
inmediata. Según bajo que tipo de código entendamos una obra, será
la mirada que tengamos de ella, por caso: una obra de indiscutida
excelencia artística como el David, de Miguel Ángel puede ser
comprendida bajo un conocimiento profundo del arte escultórico
renacentista, es decir, mediante códigos que permitan entender ese
objeto en un contexto de lo que es la escultura y específicamente
en su momento histórico y lugar. Pero también podemos entenderla
mediante la aplicación de una codificación científico-química que
observe el mármol de carrara con que fue hecho y describa la
escultura mediante esta particular manera de verla. Estas maneras
tan lejanas entre si de ver un objeto, aunque bajo un ejemplo
disparatado, ejemplifican la relevancia del código elegido para
comprender los significados de una obra o de cualquier objeto.
Algunos de los códigos posibles son los siguientes: Códigos
sintácticos: que se corresponden con todo lo referido a los
materiales constructivos, los sistemas constructivos, la función
estructural de los elementos que componen el espacio, sin embargo
no evalúa al espacio mismo, sino a los materiales, estructuras y
todo lo que podemos denominar de forma más abarcativa como la
ciencia de la construcción. Códigos semánticos: se refieren a la
articulación de los elementos que componen los espacios: De estos
elementos tenemos los que denotan una función primaria, como
columnas, vigas, ventanas, puertas, etc. Luego están la función
secundaria como molduras, frontis, etc. Por último están los que
denotan el carácter distributivo, según se articulan los espacios
se puede entender la manera de vivir y de relacionarse. Los códigos
semánticos también pueden referirse a la articulación de géneros
tipológicos de los cuales podemos sub-clasificarlos en gran
variedad de clases. Esta clasificación de tipologías se ha
realizado en numerosas publicaciones y en poco tiempo podremos
darnos cuenta que a lo largo de la historia de la arquitectura la
codificación tipológica ha tenido un enorme uso y valor. Ahora
bien, tenemos un par de modos de codificación que se refieren a la
Arquitectura, a ella con sigo misma. Es correcto este análisis,
pero también es correcto pensar que la arquitectura pueda generar
significado a partir de códigos que no provengan de ella.
Nuevamente referenciándonos en Umberto Eco: Página 7 de 26 La
alegoría en la obra de Libeskind [...] es posible que la
arquitectura se funde en los códigos arquitectónicos existentes,
pero en realidad se ha de apoyar plenamente en otros códigos que no
son suyos, y con referencia a los cuales, los usuarios de la
arquitectura podrán individualizar los significados del mensaje
arquitectónico. Daniel Libeskind es un arquitecto que ha generado
su propia visión de la Arquitectura, su particular comprensión de
la obra, el contexto, el presente y la historia. En base a esto es
que busca en cada obra que realiza sumar una idea, una nueva
visión. Para esto entiende la creación arquitectónica como la
composición de un libro, de una poesía (comparación intencionada,
luego de haber podido gracias a U. Eco, entender a la arquitectura
como un texto, una forma de comunicación). En la composición de
este texto hacen falta los contenidos que le den forma y
significado. Museo Imperial de la Guerra Pongamos por caso el museo
imperial de la guerra. Su forma se compone de enormes planos curvos
intersectados, que marcan una morfología casi desordenada. Claro es
que no llegamos a diseñar esta obra colocando planos al azar, lo
que se puede intuir es que todos los planos poseen una curvatura
con igual radio, manteniendo una relación entre todos a pesar de
poseer formas muy diferentes. Esta obra plantea una alegoría que
más adelante analizaremos, sin embargo para el espectador de la
obra es imposible reconocerla, esto se debe a Página 8 de 26 La
alegoría en la obra de Libeskind que sólo quien conozca el código
que genera la obra va a comprender su mensaje. La codificación del
mensaje es mostrada por el arquitecto Daniel Libeskind en una
memoria de la obra que fue publicada en la revista Croquis Nº 91,
en ella muestra la siguiente imagen de la cual podemos deducir que
el proceso compositivo de la morfología del museo se relaciona con
la división del esferoide terráqueo en zonas de conflicto para
luego componer con cada cáscara una nueva forma que genere los
espacios del museo imperial de la guerra. Claramente existe una
alegoría puesto que la forma del museo se genera a partir de la
detección de las zonas de conflicto en el mundo para luego
reconciliarlas de una nueva manera, digamos que los conflictos
armados en el mundo en el momento de la creación del museo de la
guerra se congelan en zonas para componer este espacio
arquitectónico, casi como un recordatorio de un estado de conflicto
plasmado en la arquitectura. Pero la generación de una alegoría a
los conflictos armados en el mundo no es otra cosa que la
utilización de un código fuera de la arquitectura, una alegoría que
cuenta un hecho, que habla, se comunica. Memoria gráfica del museo
imperial de la guerra Quizás donde la alegoría fué más utilizada
sea en la biblia, por la razón que fuere no entraremos en esa
discusión, cada mensaje era explicado con un recurso alegórico.
Claro que muchos podían interpretar el mensaje de maneras
diferentes ya que podían interpretarlo a través de diferentes
códigos. Entonces diríamos que la alegoría siempre requiere el
conocimiento de un código común para llevar el mensaje, para dar el
significado deseado. Pongamos como ejemplo la siguiente imágen a
simple vista no podemos comprender su significado y por la gráfica
casi improvisada podamos inferir en que no son más que un conjunto
de garabatos. Página 9 de 26 La alegoría en la obra de Libeskind
Alegoría representada en gráfico a mano alzada Sin embargo si
comprendemos su código podemos llegar a ver una visión particular
del tiempo, según su autor: El pasado es sólido y completo, pero
influye en el presente y en el futuro. El presente es complejo y no
solo un resultado del pasado; además conduce al futuro y, por lo
tanto, se supone a ambos; con todo es de por si una entidad (mancha
negra). El futuro es el menos limitado, pero recibe la influencia
del pasado y del presente. Una línea los atraviesa porque todos
tienen un elemento en común: el tiempo. Hemos visto que para
comprender una alegoría requerimos de un código común, la siguiente
pregunta sería ¿de que maneras se puede aplicar la alegoría en la
forma y específicamente en la arquitectura? La respuesta es
ambigua, hay casos en los que encontramos alegorías miméticas, que
se comprenden claramente, una de ellas es la torre de la libertad.
Esta torre es la de mayor relevancia en el máster plan para el
Ground Zero, proyecto que ganó por concurso Libeskind a pesar de
que hoy en día esta torre no se realizará. Su morfología se compone
de dos volúmenes unidos por débiles líneas, uno de los volúmenes es
sólido y formal, mientras que el otro es una especie de aguja que
se eleva al cielo conformada por plantas que le dan un tono verdoso
y hacen sus bordes algo desdibujados. Pues bien, si uno ve esa
torre desde la costa de New York nota de inmediato la alegoría que
posee la torre con la estatua de la libertad. Desde el brazo en
alto, el tono verdoso y la posición que ocupa frente a las demás
torres es una alegoría a la libertad sin dejar lugar a dudas, sin
que necesitemos otro código más que el que poseemos al conocer lo
que significa la estatua de la libertad para el pueblo
norteamericano, las innumerables fotografías y películas como
también series de Página 10 de 26 La alegoría en la obra de
Libeskind Propuesta reconstrucción del Ground Zero visto desde la
costa de New York televisión que han mostrado la emblemática costa
de Nueva York, y la catástrofe que significó un atentado terrorista
en la ciudad con más habitantes del país más poderoso del mundo. A
pesar de este claro ejemplo, no es el caso habitual. Si observamos
la fachada del museo judío de Berlín podemos observar una imagen
sólida, seria, y unos aventanamientos estrechos, como rajaduras,
sin embargo no podemos encontrarle un sentido a esta fachada sino
lo ponemos en contexto del Holocausto Judío, entonces si podremos
comprender, como dice Roberto Fernandez en el artículo “El problema
de la alegoría”5 : [...] el Holocausto fue desmontando en ciertas
secuencias de significación, que cumplían con la necesidad retórica
de generar un sentido en base al argumento pars pro toto (parte por
todo, uno de los principios centrales de la economía de la
comunicación). Por ejemplo la idea de ruptura, fragmentación o
desgarramiento cumplía alegóricamente aquella función de referencia
de parte por todo, dejando librada a una imaginación dramática la
reconstrucción de la narración 5 Revista SUMMA + Nº 59, artículo:
El problema de la alegoría, Roberto Fernandez, Buenos Aires. Página
11 de 26 La alegoría en la obra de Libeskind totalizada [...] Este
procedimiento sin más, es la base de propuestas como el museo del
Holocausto de Daniel Libeskind, en Berlin, donde la quebradura de
la planta y los muros trata de aludir directamente a estos
mecanismos. Fachada del museo Judío de Berlin Tomaremos el Museo
Judio de Berlin como ejemplo de la vasta fundamentación teórica que
elabora el arquitecto Libeskind, sobre la generación formal del
proyecto y a su vez el código que utiliza para elaborar los
significados deseados en la obra. Según sus palabras existen cuatro
aspectos que definen la solución proyectual del museo. A pesar de
que sólo estudiaremos las alegorías creadas en este proyecto y cómo
utiliza temas fuera de la arquitectura para resolver el proyecto,
creemos que es necesario explicar las ideas rectoras del diseño
como primer acercamiento al tema. Existen tres ideas básicas que
forman la idea del Museo Judío de Berlín, la primera es reconocer
la contribución intelectual de los ciudadanos judíos de Berlín. La
segunda es la necesidad de investigar el significado del holocausto
en la memoria de Berlín. Por último, el tercer aspecto se relaciona
con los vacíos que han dejado la muerte de judíos en Berlín. Estos
tres aspectos, según Libeskind, deben resolver el proyecto, o dicho
de otra manera, el proyecto debe mencionar Página 12 de 26 La
alegoría en la obra de Libeskind estas ideas. Para cumplir los
objetivos planteados, o ideas rectoras, el arquitecto plantea
generar alegorías a diversos temas de relevancia, como pueden ser
hechos históricos, personas destacadas o hasta una composición
musical, como ya veremos. El primer aspecto que menciona Libeskind
es la preexistencia de una matriz invisible o una recolección de
objetos del pasado que generan conexiones irracionales. Esta matriz
surge de relacionar sobre el plano de la ciudad de Berlín los
sitios donde vivieron y trabajaron ciertos escritores,
compositores, artistas y poetas judíos. De esta manera Libeskid
puede “mencionar” (mencionar, decimos entendiendo a la arquitectura
como a un texto) a las personas y lugares que son de relevancia
para el museo judío y su historia, generando una clara alegoría a
ellos. A su vez, esta trama permite generar una línea segmentada,
cuyos segmentos contiguos generarían al unirse una estrella de
David, quedando como una estrella abierta, despedazada. Esta
estrella posee un alto contenido simbólico para los judíos, más aún
en la manera en que la nombre Libeskind como estrella amarilla,
haciendo alusión a la identificación que los nazis obligaban a
llevar a los judíos. Esta podríamos decir que es una alegoría
mimética si no fuera porque al Vista aérea del museo Judío de
Berlín Página 13 de 26 La alegoría en la obra de Libeskind verse
como una estrella distorsionada, segmentada, puede resultar de gran
dificultad distinguirla. Vacíos que ocupan toda la altura (en
amarillo) del museo Judío de Berlin, vista en planta El segundo
aspecto es, según palabras textuales “lo que se ha perdido y nunca
podrá ser recuperado”. En este caso considera al compositor
austríaco Arnold Schönberg y a su ópera inconclusa: Moises y Arón.
En esa ópera existen vacíos que Libeskind relaciona a los vacíos
que dejaron la muerte de tan enorme cantidad de judíos. La alegoría
nuevamente es el recurso utilizado para “escribir” esta música en
la obra. Veamos lo que menciona al respecto el arquitecto: Al final
de la ópera, Moisés no canta, él sólo habla "oh palabra, tú
palabra", refiriéndose a la ausencia de la Palabra, y uno puede
entender como un “texto”, porque cuando no hay más canto, la
palabra que falta que es pronunciada por Moisés, la convocatoria de
la Palabra, la convocatoria de la Escritura, se entiende
claramente. Intenté finalizar esta ópera con arquitectura. El
tercer aspecto lo componen la lista de personas deportadas de
Berlín durante el Holocausto. Para incluir a estas personas se
crearon varias alegorías, en primer lugar mencionamos que los
sitios que componen los lugares de extermino de judíos forman parte
de la trama invisible que mencionamos como primer aspecto, de
manera que siempre están presentes a través de ella. Por otra parte
la línea sinuosa que compone la forma del edificio va dejando
lugares a través de puentes, estos lugares son en muchos casos los
lugares de exterminio. Según palabras de Libeskind: Los puentes
vacíos cruzan sobre esta pérdida y actúan como una Página 14 de 26
La alegoría en la obra de Libeskind estructura organizativa y
administrativa. A un lado, por ejemplo, podrían encontrarse los
cuadros de Marx Liberman, por otro lado las cartas que la mujer de
Liberman dirigió al gefe de la gestapo suplicándole que le
permitieran salir de Auschwitz, porque ella era la mujer del famoso
Max Liberman. A un lado la Einban Strasse de Walter Benjamin, y a
otro lado el puente vacio, la carta de suicidio de Benjamin desde
España. A un lado las telas fabricadas por la industria textil
judía, y al otro lado los puentes, las fotos de las lápidas judías
de granito negro sin ningún nombre escrito sobre ellas, construidas
para durar por toda la eternidad y a las que hoy en día nadie les
presta atención. También mencionamos que los vacíos que toman toda
la altura del museo son creados por los vacíos que han producido la
desaparición de los judíos exterminados, ya hemos mencionado esta
alegoría relacionada con la ópera inconclusa de Arnold Schönberg,
sin embargo los vacíos generan estas dos alegorías a la vez o tal
vez podamos decir que los vacíos se generan a partir de estos dos
referentes de la historia y de la música que toman forma en la
arquitectura a través de un recurso alegórico. Línea recta de
Walter Benjamin, marcada en color amarillo en la vista aérea del
museo Judío El cuarto aspecto del proyecto lo conforma el filósofo
Walter Benjamin6 y su 6 Walter Benjamin: filósofo alemán
(1892-1340). En 1933 éste decide abandonar Berlin -ante el avance
del nacionalsocialismo- y radicarse en Francia. Página 15 de 26
La alegoría en la obra de Libeskind libro “calle de mano única”
(Einbahn Atrase). Libeskind diseña una línea recta que atraviesa a
la línea sinuosa dejando en cada intersección un vacío que se
repiten en toda la altura del edificio. En total la línea sinuosa
deja 60 secciones a través del zig-zag, esto representa una de las
estaciones de la estrella descrita en el texto de Walter Benjamin.
De esta manera queda explicada la alegoría a este filósofo alemán.
A manera de resumen, veamos como sintetiza Libeskind los cuatro
aspectos: Para resumir esta estructura cuádruple: el primero es la
estrella invisible e irracional conectada que brilla con la luz
ausente de la dirección individual. El segundo es el atajo del acto
2 de Moises y de Araon que culmina con el cumplimiento no musical
de la palabra. El tercero es la dimensión omnipresente de los
Berlinenses deportados y que faltan. El cuarto es el apocalipsis
urbano de Walter Benjamin a lo largo de la calle unidireccional.
Además de estos cuatro aspectos que son los motores de las
alegorías que muestra el edificio, existen lugares que Libeskind
dota de un significado específico, una alegoría particular para
cada uno. Ejes en planta de subsuelo del museo Judio Con Francia
ocupada por los nazis, en 1940 decidió emigrar a Estados Unidos
atravesando España. Fué detenido en la frontera franco-española,
por la cual decidió suicidarse en un hotel de Port Bou. Página 16
de 26 La alegoría en la obra de Libeskind Tres ejes. El acceso al
museo se realiza desde el subsuelo. Esto es una decisión
intencional del arquitecto para significar que el acceso al museo
es desde los cimientos de esa historia. Luego la planta se compone
de tres ejes: el eje de la Continuidad, el eje del Exilio y el eje
del Holocausto. El eje de la continuidad es el eje recto que remata
en la escalera que conduce hasta los niveles superiores donde se
desarrolla la exposición. Esto muestra claramente que Libeskind
intenciona un acceso al subsuelo, sólo iluminado con luz artificial
para luego acercarnos a una escalera de 3 alturas (la escalera
mencionada anteriormente en este trabajo) que se va iluminando para
mostrar la continuidad de la historia de Berlín, desde el pasado
oscuro y oprimido, a un futuro luminoso y abierto. El eje del
Exilio es un camino que corta al eje de la continuidad y remata al
jardín del exilio. Por último el eje del Holocausto remata en un
espacio por fuera del volumen del edificio (la tira sinuosa) que es
llamado la torre del Holocausto. Jardín del exilio Este jardín se
compone de una serie de columnas de hormigón visto que contienen
dentro un roble del cual sólo se aprecian las copas. Estas columnas
se encuentran colocadas a una distancia entre si tan corta que
genera una serie de pasillos, a su vez el piso de este jardín se
encuentra inclinado. Este espacio es una creación que sólo cobra
sentido al comprender la alegoría que representa con el exilio
judío. El jardín es el único lugar que está al exterior, lo cual
representa que el único camino a la libertad es el exilio, sin
embargo el plano inclinado y la serie de columnas que generan una
perspectiva muy corta, tanto que en cada cruce es fácil tropezarse
con otra persona, muestra que el exilio está lleno de dudas y su
camino es forzoso. En la siguiente cita de Libeskind se pueden
conocer detalles de esta parte del edificio: Cuarenta y ocho de
estas columnas representan el año en que se instauró el estado de
Israel y en su interior se volcó tierra de Berlin en tanto que la
última, ubicada en el centro de la trama representa a la ciudad de
Berlín y tiene en su interior tierra de Jerusalén. Página 17 de 26
La alegoría en la obra de Libeskind Jardin del exilio, Museo Judío
de Berlin Torre del Holocausto, Voided void7 La torre del
Holocausto se compone de un volumen de hormigón visto que posee
tres niveles de altura y una única raja de luz que sólo sirve para
poder apreciar el tamaño de el enorme espacio que deja en
tinieblas. Este espacio es una clara alegoría del Shoá8, todo su
diseño responde claramente a ello. El acceso, desde el subsuelo se
hace por una pesada puerta de acero, al cerrar la puerta sólo se
escucha el silencio, sólo un tiempo después de estar allí la vista
se adapta a la oscuridad y se comienza a distinguir el contorno de
la habitación y el oído reconoce el murmullo de la ciudad. Esta es,
como el jardín del exilio una alegoría que apela a los sentidos
para leerla, veamos la descripción que hace el arquitecto: 7 Voided
Void, frase en inglés, su traducción es “nada de la nada” 8 Shoá:
literalmente catástrofe Página 18 de 26 La alegoría en la obra de
Libeskind Torre del Holocausto, Museo Judío de Berlin [...] es este
espacio que de alguna manera termina la historia, esta historia
vieja de Berlín. Empieza con los Progroms9 y los reglamentos
antisemitas que no comenzaron en 1933, sino que son mucho más
antiguos. Pero a partir de 1933 ya no se pueden negar y son
lamentablemente irrevocables. Desde la quema de libros , de
pinturas (tema de exposición en el museo) y hasta la cremación de
personas – quienes están representadas sólo con sus nombres en el
libro recuerdo a las víctimas del holocausto: no es en realidad lo
que yo quiero decir con voided void. Se trata de la nada de la
nada. 9 Progroms: palabra hebrea, su traducción: persecuciones en
contra de los judíos. Página 19 de 26 La alegoría en la obra de
Libeskind Patio de las máscaras El último de los vacíos que genera
la recta con el volumen zigzagueante del edificio, además de ser
accesible como otros, posee un diseño particular. Es un espacio que
comunica a dos partes de la tira y posee en su piso una serie de
discos metálicos forjados con una forma que puede interpretarse
como una cara humana. Estos discos poseen diferentes expresiones,
tamaños y espesores. Al caminar sobre ellos se siente inestabilidad
y se produce un chirrido entre ellos magnificado por el efecto de
reverberancia del vacío de tres niveles. Casi podemos decir que
Libeskind logra un efecto escénico del sufrimiento y la
representación de cada uno de los muertos por el holocausto. Patio
de las máscaras, Museo Judío de Berlin Por último nos parece
importante mencionar un ejemplo que posea un programa totalmente
diferente a loa anteriores. Al contrario con lo analizado el
siguiente edificio posee un programa con muy poco compromiso con la
historia y su Página 20 de 26 La alegoría en la obra de Libeskind
relevancia como icono puede ser discutida, sin embargo el
arquitecto Daniel Libeskind logra crearlo a partir de conceptos que
muestra creando nuevas alegorías y escribiendo el texto que compone
su arquitectura. Ascenso en el Puente Roebling Bosquejo - idea del
edificio de viviendas "ascenso en el puente robeling" El edificio
cuenta con un programa simple a pesar de su gran escala. Se trata
de un edificio de viviendas en altura con cuatro caras libres,
donde dos de las caras poseen vistas a la costa de Cincinnati. La
pequeña manzana donde se ubica este edificio está al comienzo del
puente Roebeling, en Covington, Kentucky, este dato es el que más
se destacó a los ojos edificio de viviendas "ascenso en el puente
Robeling" Página 21 de 26 La alegoría en la obra de Libeskind del
arquitecto. Daniel Libeskind quiso que este edificio tuviera que
ver con el puente, que formara una continuación con él, y
utilizando un recurso que ya vimos en la torre de la libertad, una
alegoría creada a partir de la mímesis formal, busca resolver el
proyecto. Para crear esta alegoría recurre a la fachada en primer
lugar, creando un corte en la altura de la torre-tira ascendente
emulando a la forma que generan los tensores del puente de
Roebling. La planta acompaña esta forma de arco de circunferencia
pero sin poseer la relevancia formal de la fachada. En su croquis
síntesis podemos verificar la alegoría. Página 22 de 26
Bibliografía La alegoría en la obra de Libeskind 1. Revista SUMMA +
Nº 59, artículo: El problema de la alegoría, Roberto Fernandez,
Buenos Aires. 2. Umberto Eco, La estructura ausente, introducción a
la semiótica; España, tercera edición 1986. 3. El pensamiento
visual, Rudolf Arnhein, Edit. Universidad de Bs, As., Buenos Aires,
1971. 4. Discursos interrumpidos, capítulo: La obra de arte en la
época de reproductibilidad técnica, Walter Benjamin. 5. 1º
Encuentro Regional de Investigación Proyectual SI + PRO
(Investigación + Proyecto) Jornadas de investigación SI - FADU –
UBA, noviembre 2004 6. Judisches Museum Berlin, Verlag der Kunst,
Dresden, 1999; capítulo: El museo Judío de Berlin, entrevista con
Daniel Libeskind; Doris Erbacher, Peter Paul Kubitz; año 1999. 7.
Del posmodernismo a la deconstrucción, Omar Alberto Bernardele,
CP67, Bs As. 1963 8. Análisis de la forma, Geoffrey H. Baker,
Editorial Gilli, México 1998 9. Arquitectura e interpretacion
dialogica, Josep Muntañola I Thornberg, Universidad politécnica de
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